Es nuestra responsabilidad estar bien informados. Se nos llena la boca de grandes palabras, “libertad”, “democracia”, “justicia”, pero a menudo se nos olvida que ningún gran derecho ha sido nunca en la historia concedido graciosamente sino ganado y siempre después de haber luchado, sufrido y, en muchas ocasiones, derramado sangre por ello. No nos damos cuenta, además, de que es nuestra responsabilidad, que no basta con haberlos ganado una vez (¡qué fácil! ¡alguien lo hizo por nosotros!) sino que es necesario, imprescindible, seguir ganándolos cada día. En caso contrario y parafraseando a Cayo Salustio Crispo, no estaremos buscando ser libres sino tener buenos amos.
Es nuestro deber buscar la verdad, extraer para ello la información necesaria y, sobre todo, tener criterio. Saber y conocer deja de ser un capricho o un derecho y pasa a ser una necesidad y una obligación si no queremos ser como se nos dibuja o retrata en el anuncio en el que se promocionaba el voto afirmativo a la constitución europea (ese engendro en 2005 creo recordar) en la que el dúo de ¿cantantes? “Los del Río” (os juro que he tenido que buscar el nombre en google porque lo había olvidado) decían con ese inconfundible gracejo andaluz “ si los que saben dicen que hay que votar que si... pues tendrán razón”. No recuerdo la literalidad de la frase pero esa es la idea, dejemos que los que saben decidan por nosotros, no tenemos necesidad de comprenderlo ni de que nos lo expliquen en detalle aunque sea a nosotros a los que afecta. Por cierto que a pesar de todo ¡¡ salió el si !!.
Si no buscamos la información, si no contrastamos, ¿como podremos decidir?. Si queremos exigir un derecho que nos corresponde – Democracia – Demos-Pueblo – Kratos-Poder – deberemos asumir lo que ello supone, no podemos limitarnos a votar cada cuatro años en base a una corazonada, a un impulso, a la música del último anuncio electoral o a la imagen de un cartel; no podemos exigir las ventajas sin esforzarnos en los deberes, no podemos no darnos cuenta de que nos engañan (o de que lo intentan), no podemos no entender lo que nos dicen y no podemos no saber lo que significan las palabras. Tenemos el deber de saber qué votamos cuando votamos “liberalismo”, “comunismo”, “socialismo”, “conservadurismo” y no dejarnos engañar por términos vacíos o adjetivaciones torticeras. Tenemos el deber de darnos cuenta de que se usan estos términos en muchas ocasiones con el único objetivo de pescar votos en caladeros cautivos a modo de piscifactorías ya que se usan sin una ideología detrás sino como una máscara sin rostro, como un contenedor vacío que arrastra a la gente sin criterio por simple estética, es decir, venden la palabra sin concepto, de esta forma van perdiendo sentido y significado hasta que lo pierden completamente o, peor aún, hasta que cambian el significado, peor porque unos lo usarán con el inicial y otros con el nuevo con lo que se pierde la posibilidad del entendimiento.
Y pretenden que nos vistamos de liberales (pocos hoy en día, parece peor que ser un criminal) sin saber de Hayek – ”Lo esencial [de la libertad intelectual] pare que cumpla su función como principio motor del progreso intelectual no es que todos puedan ser capaces de pensar o escribir cualquier cosa, sino que cualquier causa o idea pueda ser defendida por alguien”– de Ortega –“… Menos todavía admitirá [el hombre-masa] la idea de que todas esas facilidades [técnicas y sociales] siguen apoyándose en ciertas difíciles virtudes de los hombres (esfuerzos geniales de individuos excelentes), el menor fallo de los cuáles volatilizaría rápidamente la magnífica construcción.”–, de comunistas sin saber de Trostky –“En un país donde el único empleador es el Estado, oposición significa muerte por inanición lenta. El viejo adagio: el que no trabaja no come, ha sido reemplazado por uno nuevo: el que no obedece no come”– , o de socialistas sin saber de Marx - “Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase; sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva” – o Engels – “Y cuando se me habla de la autoridad y de la centralización como de dos cosas condenables en todas las circunstancias posibles, me parece que quienes hablan así o no saben lo que es una revolución, o son revolucionarios sólo de palabra” - ; solo siguiendo una etiqueta, como si fuésemos del madrid fc o del barcelona fc. Todo ello sin que nos planteemos una mínima información de lo que significa cada una de las opciones y por supuesto sin que se nos ocurra una nueva; sin hacer una lectura mínimamente crítica de la historia reciente y del entorno actual.
Sin embargo “del otro lado” si que parece que han asimilado profundamente a Goebbels – “una mentira mil veces repetida se convierte en verdad” – y yo añadiría que una verdad mil veces callada desaparece. Por cierto Goebbels fue ministro de algo llamado “educación popular” (y de propaganda) ¿os suena? Por ejemplo a “formación del espíritu nacional” o a “educación para la ciudadanía”. Y lo fue de un partido llamado “nazi” que es una contracción de Nationalsozialistiche – nacionalSOCIALISTA- que llegó al poder mediante unas elecciones libres y democráticas , lo que no puede justificar la barbarie posterior pero que si nos sirve para concluir que no todo lo salido de unas urnas debe o tiene que ser bueno ni que todo lo que hace alguien legítimamente elegido tiene necesariamente que ser legítimo; unas elecciones no son una carta blanca, es un compromiso, un contrato por el cual el que resulta elegido se compromete a ser el primero que cumple con la ley. Esta es una de las contradicciones a las que nos lleva “usar” palabras sin ideología y términos a los que se les ha cambiado el significado por una simplificación que conduce a error: democracia-urnas-parlamento-legítimo.
Otra más, si un presidente de gobierno con un parlamento mayoritariamente de su partido, ganado legítimamente en las urnas decide promulgar leyes que van en contra de las propias normas por las que debiera regirse (Constitución), ¿Es legítimo por el hecho de haber sido legítimamente elegido y constituido?, evidentemente no (o yo lo creo así). El mecanismo de control en casos como éste debiera ser la división real de los poderes, pero cómo saberlo, como darnos cuenta si no conocemos la ilustración, Rosseau, Montesquieu (Alfonso Guerra, vicepresidente de España entre 1982 y 1991, dijo “Montesquieu ha muerto” y ¡se quedó tan ancho!... y ¡le siguieron votando!), Locke y en su origen Aristóteles y su “política” cómo saberlo si no nos informamos de como funciona el ordenamiento de los poderes aquí; “la justicia” debería actuar, pero ¿y si, como en nuestro caso, los que la administran dependen, también, de los que pretenden el fraude? Entonces la realidad es que no hay democracia sino un simulacro o la sombra de ella y, sin embargo, estando tan claro, nos ufanamos de vivir en un estado “democrático” y todos somos “demócratas” sin saber lo que eso quiere decir por parte de los que no se toman el interés de saberlo y con ánimo de cambiar el significado por la otra parte. Mientras no nos informemos y nos demos cuenta, seguirán con el engaño, usando las palabras pero disimulando el concepto real.
sábado, 29 de agosto de 2009
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