Otra consecuencia, que encuentro releyendo una antigua conferencia de Stephen Hawking, del descubrimiento de una teoría única del funcionamiento del universo es, primero social y después filosófica.
Hasta hace no mucho tiempo, quizá hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX, era relativamente sencillo que una sola persona tuviese una idea, al menos genérica, de todas las áreas del conocimiento del momento; los filósofos consideraban la ciencia una parte más del conocimiento del hombre y, por tanto, parte de su campo; era habitual que estos fuesen los científicos, matemáticos, físicos, etc. del momento.
A partir de la revolución industrial, la ciencia se hace demasiado técnica y matemática y hace que esta se escape de la comprensión del común de los mortales. La velocidad a la que se producen nuevos descubrimientos y se formulan teorías que los expliquen, con demostraciones matemáticas cada vez más complicadas, hace imposible que nadie pueda estar al día de todo, con lo que se recurre a la especialización, de modo que solo unas pocas personas están al tanto de los avances de “su” parcela de especialización. Esta especialización llega a un grado tal de complejidad que hace imposible (salvo alguna excepción) a los filósofos entrar en la discusión del origen, creación y funcionamiento del universo como lo habían hecho en siglos anteriores.
Unos años después de que Max Planck formularse la teoría de la mecánica cuántica alguien dijo que solo dos o tres personas en el mundo eran capaces de comprender por completo este concepto, y posiblemente tenía razón. Seguramente hoy en día, unos cien años después, el número de personas que dominan esta teoría sea de varios miles, físicos, investigadores, matemáticos y estudiantes universitarios tienen hoy ese conocimiento y entendimiento, además de otros muchos que, al menos, están familiarizados con dicha teoría, lo que, lógicamente, hace avanzar la ciencia. Este efecto se produce con cualquier nuevo descubrimiento o avance científico, haciendo imposible que las personas normales sigan el ritmo necesario para estar al día, simplemente porque cuando estás estudiando, aquello que estudias, ya está obsoleto.
Si se descubriese una teoría unificada, esto cambiaría; digamos que habríamos llegado al final del camino del conocimiento científico, todo sería explicado por esta teoría o ecuación y sería solo cuestión de tiempo que un porcentaje mucho mayor de gente común llegase a conocerla, comprenderla y dominarla ya que no podría haber más avances. Este sería el efecto social al que me refería al principio. La consecuencia filosófica se derivaría de la anterior, al ser mayor la posibilidad de entender el principio único que rige el universo, los filósofos que quedaron fuera por la especialización técnica y matemática, podrían volver a dedicarse, con este conocimiento ya adquirido, a dar respuesta a la siguiente pregunta; una pregunta que en busca del “¿como?” se ha dejado de lado: ¿por qué?. Es decir después de resolver cómo funciona el universo nos faltaría saber porqué existe y porqué es como es y no de otra forma. Respondida esta segunda cuestión... ¿podríamos decir que comprenderíamos la mente de Dios?.